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Por: Juana Canga Mahamud
Origen y porqué de las jornadas:
Es en el marco de esta trayectoria que surge la propuesta de organizar las jornadas internacionales “Reflexiones feministas en torno a la Soberanía Alimentaria”. En proyectos anteriores veníamos trabajando por la visibilización de la realidad de las mujeres campesinas, reivindicando su protagonismo en las luchas sociales y en la construcción de alternativas por otro modelo de desarrollo. A raíz de profundizar en estos temas, nos dimos cuenta de que no estábamos dando explícitamente el paso de cuestionar desde una crítica feminista las desigualdades que se producían en el seno de las organizaciones campesinas y el mundo rural. Según desarrollamos proyectos y organizábamos actividades con mujeres campesinas, nos dimos cuenta de que dentro del mundo de las organizaciones campesinas que abogan por la Soberanía Alimentaria no siempre se incorporan de manera explícita y contundente las demandas de las mujeres campesinas como algo prioritario.
Detectamos que sus planteamientos no siempre, o no automáticamente, discuten la lógica patriarcal. Algunas propuestas en torno a la Soberanía Alimentaria tienen el riesgo de enmarcarse en esa lógica patriarcal, sin cuestionar la asignación a las mujeres del rol de cuidadoras de las personas, de las sociedades, de la naturaleza, asumiendo un carácter esencialista, y sin cuestionar el sistema de opresión que existe en la distribución de los roles productivo y reproductivo, ni asumiendo el inevitable cuestionamiento de los privilegios masculinos. En este sentido, la visibilidad de las propuestas de organizaciones de mujeres campesinas, adquiere una vital importancia de cara a poder construir alternativas y proyectos locales en pro de la Soberanía Alimentaria y que supongan a su vez un cambio en las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, en el mundo rural, y dentro de las organizaciones agrarias. A través de este encuentro internacional nuestra intención era profundizar en esta reflexión, a fin de apropiarnos de la Soberanía Alimentaria como una herramienta efectiva para el empoderamiento de las mujeres y la defensa de sus derechos.
Desarrollo de las jornadas: El encuentro tuvo lugar en el mes de abril de 2011 en Bilbao. Participaron mujeres integrantes de ONGDs, de nuestras contrapartes del Sur, tanto organizaciones feministas como campesinas, organizaciones mixtas y de mujeres, y activistas del movimiento feminista del Norte y de redes internacionales como La Vía Campesina o la Marcha Mundial de las Mujeres. ORGANIZACIONES PARTICIPANTES: La Via Campesina Europa, Marcha Mundial de las Mujeres, MST (Brasil), CERES-COAG, Veterinarios sin Fronteras, Entrepueblos, La Colectiva Feminista (El Salvador), Sindicato Labrego Galego, Red Pulperías Managua (Nicaragua), Asociación Trabajadores del Campo-La Via Campesina Nicaragua, Grupo de Soberanía Alimentaria y Género de Andalucía, EHNE, Mundubat Nos parecía esencial incorporar a la reflexión a mujeres del Norte y del Sur. La problemática del patriarcado y de la discriminación de las mujeres es una realidad global que resulta en la opresión a las mujeres en cualquier país del mundo, y de manera específica a las mujeres campesinas. La lucha contra el patriarcado debe ser conjunta entre el Norte y el Sur, y el trabajo en red de mujeres de diversos orígenes es una herramienta para este proceso de construcción de una alternativa global frente a la opresión global del modelo neoliberal patriarcal. En este encuentro, las mujeres participantes compartieron experiencias de resistencia, y las reflexiones que se están dando en el seno de sus organizaciones, a fin de compartir éxitos y fracasos para el aprendizaje mutuo. Se trataba entonces de construir un espacio de diálogo entre mujeres integrantes de organizaciones defensoras de la Soberanía Alimentaria y organizaciones de mujeres y organizaciones feministas, para analizar cómo desde la Soberanía Alimentaria se puede responder a nuestras demandas como mujeres. Se trataba de reflexionar sobre como a través de la Soberanía Alimentaria podemos plantar un cambio real de las relaciones de poder entre hombres y mujeres.
Estructura del encuentro: Las jornadas se estructuraron en base a 4 paneles de análisis interrelacionados: • analizar cómo el agronegocio vulnera los derechos de las mujeres • reflexionar sobre los aportes del feminismo a la Soberanía Alimentaria • repensar nuestros proyectos de Soberanía Alimentaria para favorecer el cambio en las relaciones desiguales entre hombres y mujeres. El objetivo de este panel era ofrecer un análisis de cómo los proyectos de cooperación que realizan algunas ONGD para fortalecer procesos relacionados con la soberanía alimentaria, están suponiendo o no cambios profundos para la vida de las mujeres campesinas, y están teniendo un impacto positivo en las relaciones de poder entre hombres y mujeres. • alianzas de mujeres para la Soberanía Alimentaria, compartiendo experiencias y buenas prácticas de organizaciones mixtas y de mujeres.
Principales reflexiones, debates y demandas que surgieron en el encuentro: Hemos estructurado las reflexiones generadas en 4 temas, que son: agronegocio y acceso a los recursos, políticas agrarias, división sexual del trabajo y relaciones de poder entre hombres y mujeres y resistencias en las organizaciones campesinas. • agronegocio y acceso a recursos: Los derechos de las mujeres son vulnerados de forma sistemática, en el norte y en el sur, en el campo y en las urbes. La desigualdad de género afecta a toda la humanidad bajo el patriarcado. El patriarcado ha encontrado en el modelo neoliberal un aliado para la explotación de las mujeres. Y el agronegocio, modelo depredador y mercantilizador, es una herramienta de estos sistemas para la explotación de las tierras, del campesinado y de las mujeres.
Este sistema ha generado hambre y pobreza para millones de personas, mientras enriquece a una minoría. La degradación de las tierras, la destrucción de la biodiversidad y la contaminación agroquímica ponen en peligro el derecho a la alimentación y el modo de vida de millones de personas, afectando de manera especial a las mujeres, que, en muchos lugares, son las garantes de la agricultura familiar y de subsistencia. En efecto, el agronegocio tiene un impacto diferenciado para hombres y mujeres. Como ejemplo, es alarmante el impacto de los agrotóxicos en la salud, que, entre otros, alteran el ciclo reproductivo y la salud sexual de las mujeres. Sobre el acceso de las mujeres a la tierra y a otros recursos naturales (como el agua y las semillas), es evidente que la titularidad de las tierras sigue siendo un asunto pendiente para las mujeres campesinas. No es suficiente con aprobar leyes, sino que debemos exigir su cumplimiento. Por ejemplo en Euskadi tenemos una ley de cotitularidad de las tierras, pero es difícil que las mujeres baserritarras la conozca, y, evidentemente, todos los derechos que de la titularidad de las tierras se derivan (como el acceso a jubilaciones). Por otro lado, las patentes de semillas están generando la expropiación del conocimiento de las mujeres y de los medios para producir de manera autónoma. En el encuentro abogamos por la recuperación de los saberes tradicionales de las mujeres para un modelo de producción más sostenible.
Solicitamos un reconocimiento de la contribución de las mujeres a la producción de alimentos, así como exigimos una redistribución de tierras y acceso a los recursos: a financiación, a formación, a información, y también a descanso (doble jornada). Se señaló que al hablar del agronegocio es importante incluir a todas las personas que sostienen este sistema, incluidas todas las administraciones y la clase política. Por ello, es importante no denunciar sólo al mercado, sino a las administraciones y las políticas públicas que lo sustentan. En este sentido, otro de los temas clave en el encuentro fueron las políticas agrarias. • políticas agrarias Las políticas agrarias no cambian las condiciones de desigualdad ni dotan de presupuestos para hacer justicia de género. Son políticas que no promueven un cambio en los estereotipos de género, ni cuestionan el impacto del modelo productivo sobre las mujeres. Las mujeres son “insivibles” en el enfoque de las Políticas Públicas Agrarias, como la PAC. Estas políticas minimizan el papel de las campesinas como sujeto activo y decisivo en el desarrollo rural. Es muy rentable políticamente exponer en el escaparate a las mujeres como ejemplos de buenas prácticas, de innovación, modernización, como emprendedoras rurales, mientras se rechaza afrontar el debate real del papel de las mujeres en la producción de alimentos frente al modelo neoliberal.
En la realidad, los resultados de las políticas agrarias y rurales no mejoran sus condiciones de vida. La igualdad de derechos no es prioridad en este sector, en el que las políticas se rinden a los intereses de las corporaciones, a los lobbys de las biotecnologías y al acaparamiento de los recursos productivos y de la alimentación. Son notables las limitaciones en el acceso a servicios sociales en el mundo rural que garanticen la incorporación de las mujeres en igualdad de condiciones y alivien su sobrecarga de trabajo (ejemplo: servicios de guardería en el medio rural para las familias campesinas). Los medios de comunicación de masas están sirviendo para rentabilizar la visión victimista de las mujeres rurales, con fines partidistas y frenando el debate del patriarcado y los agronegocios. Nos preocupaban los discursos esencialistas que hablan de la “naturalización de las mujeres” o de la “feminización de la naturaleza”. Es necesario cambiar la orientación de la corriente principal de las políticas públicas. Las mujeres en este contexto luchamos por hacernos visibles y conseguir derechos y libertades, mientras la historia nos relega al anonimato, a la cosificación de nuestros cuerpos y a la explotación de nuestro trabajo. Un tercer tema que permeó todas las reflexiones es la división sexual del trabajo.
• división sexual del trabajo Lanzamos una crítica a un sistema basado en la separación entre las esferas de la producción y de la reproducción, que las sitúa en planos diferenciados y aislados sin reconocer sus interrelaciones, y las jerarquiza. En este sentido, la economía feminista aplica las nociones de “trabajo” y de “empleo”, incluyendo en trabajo las tareas de reproducción social. Este reconocimiento del valor de los trabajos realizados en su mayoría por mujeres debe ser uno de los posicionamientos clave de la Soberanía Alimentaria. El tema de los cuidados es un tema fundamental en los planteamientos feministas. Para la economía feminista es muy importante demostrar la interdependencia entre las personas que deben cuidarse unas de otras. Hay que poner en la agenda de los movimientos sociales el tema del trabajo doméstico y de cuidados. Sin abordar este tema es imposible un cambio de modelo. Pero estas tareas no deben ser sólo valoradas, sino también compartidas. La redistribución de las cargas de trabajo (remunerado y doméstico) es ineludible. Como dice Miriam Nobre, de la MMM, debemos “compartir el trabajo entre todos y todas”, trabajar la corresponsabilidad. En este sentido, debemos superar los prejuicios sexistas que también se dan a la hora de asignar tareas agrícolas a hombres y a mujeres; por ejemplo, los hombres manejan la maquinaria pesada, las mujeres recogen la fresa.
Por otro lado, tradicionalmente, en el campo se ha instrumentalizado a las mujeres como mano de obra barata; y actualmente esta situación se da mucho con las mujeres inmigrantes (por ejemplo en Andalucía). Hoy es necesario integrar en las organizaciones a las mujeres inmigrantes porque son una realidad en el campesinado. Finalmente, el debate giró en torno a las relaciones de poder entre hombres y mujeres en organizaciones agrarias, y las resistencias que el cambio por la equidad suscita. • relaciones de poder entre hombres y mujeres en organizaciones agrarias y resistencias Es importante el empoderamiento de las mujeres campesinas, y su presencia en puestos de responsabilidad de las organizaciones agrarias, siendo imprescindible: - mantener las acciones positivas - establecer paridad en las organizaciones - garantizar formación para mujeres campesinas - analizar el impacto de las políticas desde una perspectiva de género, para neutralizar impactos negativos en las mujeres. - promover políticas de igualdad que sean transversales. Soraya Gadea, pulpera nicaragüense miembro de una cooperativa agraria y beneficiaria de un proyecto de Soberanía Alimentaria, desde su experiencia personal, reconoció que en un principio, había resistencias de los hombres a la autoorganización de las mujeres; sin embargo, esta actitud ha cambiado conforme los hombres han visto los impactos positivos de esta organización, y conforme las mujeres se han ido empoderando. Existen dificultades en los espacios mixtos, como los sindicatos, para el acceso de las mujeres a los puestos de poder. Para garantizar la equidad de género en nuestras sociedades, debemos mirar dentro de nuestras propias organizaciones, e introducir cambios en estas, a fin de garantizar la participación igualitaria de mujeres en los ámbitos de decisión política.
Nos contaba Belén Verdugo (COAG y Ceres Confederación de Mujeres del Mundo Rural) que el mundo agrario está especialmente masculinizado, “Ocurre que en las organizaciones mixtas frenan la paridad en la toma de decisiones, con la excusa de que los asuntos de mayor calado están reservados para los hombres dirigentes con experiencia.(…) La lucha de las mujeres sigue siendo un camino construido por nosotras, se trata de una emancipación complicada, que tiene que superar la inercia de los espacios privados y de las organizaciones mixtas, que siguen en el pacto social de varones con privilegios heredados” .
Conclusiones: En base a estas reflexiones extrajimos una serie de conclusiones: • En primer lugar, asumir que la erradicación de la violencia contra las mujeres, como punto estratégico de la agenda feminista, debe indispensablemente incorporarse en cualquier estrategia de cambio social. El tema de la violencia contra las mujeres ha sufrido un proceso de cooptación por parte de las instituciones. El movimiento feminista es el que más ha sufrido este proceso. Las instituciones en su discurso contra la violencia han eliminado un concepto clave: el hecho de que la violencia es un instrumento para oprimir a las mujeres. Se hizo ver que era como una “enfermedad” que afectaba a ciertas mujeres en ciertas situaciones. Este discurso está muy hegemonizado, también puede encontrarse dentro de los movimientos sociales, de las instituciones y de las ONGs. Por tanto, denunciar la violencia hacia las mujeres como una herramienta de dominación del sistema es algo que nos toca a todas. Uno de los retos que tenemos las ONGs es profundizar en el abordaje de la violencia de género en el mundo rural. Es importante integrar tema del reconocimiento social: por ejemplo, que un hombre que pega a su mujer no puede ser valorado como agricultor ecológico. • En segundo lugar, reconocer la vinculación esencial entre el feminismo y la Soberanía Alimentaria El vínculo entre Soberanía Alimentaria y sostenimiento de la vida entronca con la teoría feminista de la economía del cuidado. Ambas teorías propugnan que no sea el precio en el mercado lo que defina el valor de las cosas. Se trata desde ambas propuestas de cuestionar el papel prioritario de los mercados, y poner en su lugar el mantenimiento de la vida. Igual que desde la Soberanía Alimentaria, desde una perspectiva feminista crítica, el capitalismo es un sistema que (como defiende Amaia Orozco) no es capaz de generar condiciones de vida dignas para el conjunto de la ciudadanía. Compartiendo esta visión de un problema de fondo similar (sacar al mercado del centro de la vida) feminismo y defensa de la Soberanía Alimentaria devienen propuestas complementarias, para tejer estrategias comunes. • En tercer lugar, defender que la soberanía de los pueblos es inseparable de la autonomía de las mujeres La soberanía de los pueblos y la soberanía de las mujeres son luchas inseparables. Es necesario salir de la ruptura entre luchas generales y luchas específicas. En la lucha por la soberanía de los pueblos hay que tener en cuenta siempre la autonomía de las mujeres. Históricamente, muchas veces la lucha de la izquierda tradicional ha priorizado la causa llamada “global” antes que la de las mujeres. Maitena Monroy, de la Asamblea de Mujeres de Bizkaia, nos habla de “historia de traiciones de la izquierda con el feminismo”. La Soberanía Alimentaria implica un cambio en la manera de ver el mundo, la apuesta por un modelo diferente del predicado por el neoliberalismo, hacia un mundo más justo. Hagamos que esa apuesta sea global y no caiga en los mismos errores, dejando la lucha por los derechos de las mujeres como algo menos prioritario, como algo “para después”. Ambas luchas pueden y deben ir de la mano.
Para finalizar: El cambio de sistema hacia un modelo de Soberanía Alimentaria debe ir de la mano del feminismo. La Soberanía Alimentaria no es una cuestión meramente campesina, sino que nos afecta a todas y todos. Las mujeres somos protagonistas en esta lucha. En este sentido, apuntar también que debemos superar la diferenciación entre mujeres rurales y urbanas, que es una estrategia para dividir a las mujeres en luchas diferenciadas. Se hace necesario articular redes del campo y la ciudad, y con el movimiento feminista; articular la lucha contra el agronegocio con la lucha contra el patriarcado. Los principios fundamentales para articular la lucha son: - Feminismo - Internacionalismo (resistencias globales a la globalización capitalista) - Anticapitalismo No sólo estamos luchando contra el capitalismo, sino también contra el patriarcado. Luchar contra el capitalismo no implica automáticamente un cambio en las relaciones de género. Las iniciativas parciales no son válidas. Lo son las alternativas globales, en un marco político general. Debemos pensar el género como algo político, no como un instrumento técnico. El cambio sólo será posible a través de una alianza entre los movimientos de defensa de los derechos del campesinado y los movimientos feministas. Ya tenemos un ejemplo de ello en la alianza estratégica establecida entre la Marcha Mundial de las Mujeres y La Vía Campesina, alianza que ha conseguido reforzar las posiciones de las mujeres dentro de ciertas organizaciones de LVC, así como contar con el apoyo de la MMM para las reivindicaciones por otro modelo alimentario y de producción agrícola. Aunemos entonces esfuerzos y repliquemos estas alianzas en nuestros entornos. No será un camino fácil ya que, como hemos visto, el patriarcado ha impregnado todo, incluidas las propias organizaciones. Por ello tendremos que reconstruirnos y repensarnos. Pero hacer este esfuerzo es indispensable. Porque si el cambio de modelo no integra los derechos de las mujeres, ese otro modelo no nos vale: “porque si otro mundo es posible, debe ser con nosotras, las mujeres”.
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