| Soberanía alimentaria, un derecho. Esther Vivas |
| Mardi, 12 Janvier 2010 15:27 | |||
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There are no translations available. Entrevista a Esther Vivas en la revista Fusión. [http://esthervivas.wordpress.com] Los alimentos que consumimos recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestro plato con el consiguiente impacto ambiental y coste económico. Esther Vivas, miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la Universitat Pompeu Fabra, defiende la soberanía alimentaria como un derecho. No son teorías ni se trata de un discurso académico. Hablamos de la vida y de la muerte de millones de personas en el planeta. Y también de democracia, del derecho de los consumidores a decidir. La soberanía alimentaria, el derecho no reconocido de los pueblos.
Soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a controlar la producción, la distribución y el consumo de alimentos. Devolver a las comunidades su capacidad de decisión y control, su “soberanía”, en el terreno agrícola y alimentario. En las últimas décadas se ha producido una creciente privatización y mercantilización de los recursos naturales y de la comida. Desde el primer tramo de producción de los alimentos, las semillas, hasta la distribución y venta final, unas pocas empresas monopolizan cada uno de los tramos de la cadena agroalimentaria. Ésta es la lógica que busca romper la soberanía alimentaria. Las consecuencias las podemos observar en las dramáticas cifras que nos muestra la crisis alimentaria actual: más de mil millones de personas, uno de cada seis habitantes del planeta, pasan hambre. Cuando, paradójicamente, nunca en la historia se había producido tanta comida como ahora. La producción de alimentos desde los años 60 hasta hoy se ha multiplicado por tres, mientras que la población mundial tan solo se ha duplicado. Pero, ¿qué sucede? Si no tienes recursos para pagar el precio de los alimentos, no comes. Esto es lo que pasó con el estallido de la crisis alimentario en los años 2007 y 2008 cuando se produjo un aumento muy importante del precio de los alimentos debido a una serie de causas coyunturales (inversión en agrocombustibles, especulación con materias primas, etc) y estructurales (las políticas neoliberales que se han venido desarrollando estos últimos años). Esto multiplicó el precio de los cereales básicos convirtiéndolos en inaccesibles para amplias capas de la población, especialmente en los países del Sur.
En primer lugar, ser conscientes de la lógica mercantil que impera en el modelo agroalimentario actual y de la connivencia entre poder político y empresarial. No es necesario ir muy lejos. En Catalunya, en julio de este año, el Parlamento catalán rechazó el debate sobre una Iniciativa Legislativa Popular promovida por la Plataforma Som lo que sembrem y avalada por más de cien mil personas que instaba a una moratoria en el cultivo de transgénicos. Los partidos políticos prefirieron plegarse a los designios de la industria agroalimentaria protransgénica y vetar el debate.
Hoy, en el Estado español siete empresas controlan el 75% de la distribución de los alimentos. Se trata de Alcampo, Carrefour, Mercadona, Eroski y el Corte Inglés, junto con otras dos centrales de compra. Y la tendencia va a más. En países norte-europeos como Suecia tres grandes cadenas de distribución controlan el 95% de la distribución de aquello que comemos. Es lo que se conoce como “teoría del embudo” o del “reloj de arena”. En un extremo de la cadena comercial tenemos a las y los campesinos y en el otro las y los consumidores y en medio unas pocas empresas monopolizan la comercialización de alimentos, consiguiendo grandes márgenes de beneficio a costa de todos nosotros.
Las multinacionales de la industria agroalimentaria. En plena crisis alimentaria, las mayores empresas del sector anunciaban cifras récord de ganancia. En concreto, las principales compañías de semillas, Monsanto y Du Pont, declaraban una subida de sus beneficios del 44% y del 19% respectivamente en el 2007 en relación con el año anterior. En la misma dirección apuntaban los datos de las empresas de fertilizantes: Potash Corp, Yara y Sinochem vieron crecer sus beneficios en un 72%, 44% y 95% respectivamente entre el 2007 y el 2006. Las procesadoras de alimentos, como Nestlé, señalaban también un aumento de sus ganancias, así como supermercados como Tesco, Carrefour y Wal-Mart. Y es que incluso hay quien hace negocio con el hambre.
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